martes, 8 de mayo de 2012

Cuentos de asertividad.


EL CABALLO Y EL MENDIGO


Un Califa de Bagdad llamado Al – Mamun poseía un hermoso caballoárabe del que estaba encaprichado el jefe de una tribu, llamado Omah, que le ofreció un gran número decamellos a cambio; pero Al – Mamun no quería desprenderse del animal.

Aquello encolerizó a Omah de tal manera que decidió hacerse con el caballo fraudulentamente.

Sabiendo que Al- Mamun solía pasear con su caballo por un determinado camino, Omah se tendió junto a dicho camino disfrazado de mendigo y simulando estar muy enfermo. Y como Al –Mamun era un hombre de buenos sentimientos, al ver al mendigo sintió lastima de él, desmontó y se ofreció a llevarlo a un hospital.

“Por desgracia”, se lamentó el mendigo, “llevo días sin comer y no tengo fuerzas para levantarme”.

Entonces, Al – Mamun lo alzó del suelo con mucho cuidado y lo montó en su caballo, con la idea de montar él a continuación.

Pero, en cuando el falso mendigo se vio sobre la silla, salió huyendo al galope, con Al – Mamun corriendo detrás de él para alcanzarlo y gritándole que se detuviera.

Una vez que Omah se distanció lo suficiente de su perseguidor, de detuvo y comenzó a hacer caracolear al caballo.

“Está bien, me has robado el caballo”, gritó Al – Mamun. “¡Ahora sólo tengo una cosa que pedirte!”

“¿De qué se trata?” preguntó Omah también a gritos.

“¡Que no cuentes a nadie cómo te hiciste con el caballo!”

“¿Y por qué no he de hacerlo?”

“¡Porque quizás un día puede hacer un hombre realmente enfermo tendido junto al camino y, si la gente se ha enterado de tu engaño, tal vez pase de largo y no le preste ayuda!”

La compasión es una forma de compartir y participar de aquellos caídos materiales, personales y espirituales que aquejan a los demás, con el interés y la decisión de iniciar acciones que les faciliten y ayuden a superar las condiciones desfavorables.

Autor: Joaquín García L.





                          ENFADATOR, TERMINADOR DE DISCURSIONES



Enfadator era el nombre del proyecto secreto destinado a crear la máquina de discusión perfecta, un robot capaz de vencer cualquier disputa. En su desarrollo se habían utilizado las más modernas tecnologías, y poseía un sistema único que le permitía aprender de situaciones anteriores, y de todos los enfados que presenciaba.
Desgraciadamente, Enfadator se perdió y durante años estuvo desaparecido sin que nadie supiera nada de él, hasta que fue encontrado por casualidad.
Intrigados por cómo se habrían desarrollado las habilidades de discusión de Enfadator durante ese tiempo, los responsables del proyecto prepararon una dura prueba para el robot. Disfrazado como un maleante, lo llevaron a una oscura taberna, de esas llenas de delincuentes en las que cada noche se suceden numerosas broncas y peleas. Y ocultos en una esquina, esperaron a ver sus reacciones.
No tardó en aparecer un grandullón de aspecto fierísimo con ganas de pelea, que sin venir a cuento empujó a Enfadator con malos modos.
¡Qué emocionante! Desde su esquina esperaban ver cómo el robot hacía picadillo a aquel bruto, pero no ocurrió nada de eso. Es más, no ocurrió nada, y el bruto comenzó a enfurecerse y a gritar cada vez más. Enfadator seguía quieto, completamente parado, y sus inventores pensaron que estaba definitivamente averiado.
Pero entonces, cuando más furioso parecía aquel tipo enorme, Enfadator comenzó a moverse. Se estiró cuanto pudo, haciéndose más grande, extendió dos enormes brazos y levantó la cabeza para mirar al provocador. Sus ojos no eran como el fuego, ni como rayos láser, ni siquiera tenía la mirada del tigre. Al contrario, Enfadator parecía... ¡un angelito feliz! y era la viva imagen de la dulzura, el cariño y la comprensión. Y antes de que el bruto pudiera darse cuenta, estaba dándole un gran abrazo a aquel tipo con ganas de pelea, mientras le decía: “tú lo que necesitas es un buen amigo y un poco de cariño, ¿verdad?”
Y probablemente fuera verdad, porque una vez recuperado de la sorpresa inicial, el grandullón se mostró mucho más amigable, y estuvo charlando amistosamente con Enfadator durante un buen rato.
Y así descubrieron cómo resolvía el temible “Enfadator” todas las discusiones, pues de sus viajes por el mundo había aprendido que cuanto más enfadada está una persona, mejor le sienta un poco de cariño.

Autor.. 

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